Cuando elegimos el vagón más fresa me metí y la puerta se cerró, así que yo me quedé adentro y el Pollo afuera.
Ante mi estrés, él movió los deditos en círculos: La señal universal de "Vete a la próxima estación, cambiate de andén, regresa a este punto y de aquí nos vamos juntos."
Cuando me regresé, el metro estaba mucho más lleno de maleantes, violadores y secuestradores, y lo peor: Era la única mujer en el dicho vagón.
Estaba parada cuando sentí un pellizco en las pompas. Era un viejecito horripilante, con gorra, en la flor de la senectud. Cuando grité como animal furioso, el abuelo degenerado me dijo "perdón señorita" y se bajó en su parada (WTF?).
Lo bueno fue que cuando llegué a la estación destino me reuní con Pollo y pudimos regresar juntos a casa. Tra la lá.
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